Empezamos



Vuelve a quedarse congelado en enero, cómo los sueldos.
En stand by, símil de autómata en desuso.
No hay sólo lockout en la NBA.
Con esa maleta apática que no quiere deshacerse.
En el tour se quedó la gravilla de la carretera.
La chupa de cuero de bolsillos rotos y un bloc de pocas hojas.
En la ciudad de las ambulancias se cerraron las persianas.
Las ratas brotan cómo coágulos de sangre.
Un tren que va directo al cajón de madera.
Esperan en la puerta de la taberna que cierra.
Los cuerpos mellados con sus vestidos nuevos.
Le llamaban Esperanza, y la mataron.

Autumn Leaves



Esta tarde he vuelto a escribir.
Nunca he odiado tanto ser libre.
Siempre me ha gustado arrancar los pétalos,
pero ahora me arrepiento.
Esta tarde he leído tus cartas,
había cristales en los ojos.
La última sonrisa.
Tu nombre caía al suelo como hojas de otoño.

El otro día.

Vi la muerte,
verla, vivirla, no sentirla.
Una caja de habanos
con un cierre dorado
llena de cenizas y una falange,
extraída horas antes, sobre ella.
La sangre empapa la cubierta.
Negligencia del conocido
que hace de un bálsamo etéreo.
Sed de flor, sed de llanto.
Sigo notando el estado del asfalto,
la ciudad es desagradable.

El dinero existe, pero siempre ha estado ausente.

¿Y la crisis?

Fotografía de Isabel Galán.

El dinero,
esa puta antimateria,
esa antimateria que nos destruye,
somos materia.
Un acelerador de partículas
no bastaría para atraparlo,
no, no sería suficiente.
300 científicos con batas blancas
verían frustrados sus intentos de retenerlo,
ni siquiera, 16 minutos.
Y eso la mayoría de la gente no lo sabe.
La gente te pide dinero.
Te piden dinero hasta en la puerta del supermercado.
Tienes que pagar facturas con dinero,
pagar un alquiler con dinero, con antimateria.




Marte nunca estuvo tan cerca.
La carne precocinada en auge de auxilio.
El dolor de cabeza cae en abulia al encender un cigarro.
La lobotomía nunca estuvo tan de moda.
No queda más margen de ruido,
solo gritar,
solo partirnos en dos.
La brutalidad queda en un segundo plano,
solo nos queda gritar.
Escuchas algún verso de Coltrane,
el cráter rojo ahora es ceniza.
El dalle nunca estuvo tan cerca.
No queda más margen intravenoso,
solo morir,
solo partirnos en dos.
La sístole no volverá a expirar,
solo nos queda morir.
No quiero irme a dormir,
pero otro cigarro más y me acuesto.

Emulación

SUPER BALLS

Fotografía de Isabel Galán.


El occipital corta en la saturación:
se colapsan las fibras externas,
el caos del hipocampo
se aviva con el giro lumínico.
Decrece constante cada segmento,
no deja de chispear cada terminal.