Los labios se derritieron.
El fósforo se cae,
el cigarro se prende
soltando un hilillo de humo.
Las redes se desgarran
en el vientre suturado
por el hacha sin filo,
rompen el puño en pedazos.
Tus cosas
El dulce carnoso,
deseo inalcanzable,
pasea por la inquieta mirada
de la imaginación.
El perro dulce,
se comió los destrozos
que ya no queríamos por dejarnos
al lado de la hipocresía.
deseo inalcanzable,
pasea por la inquieta mirada
de la imaginación.
El perro dulce,
se comió los destrozos
que ya no queríamos por dejarnos
al lado de la hipocresía.
El campo en plena campaña electoral.
Unas lentes de visión
delante de un cráneo hueco.
Una axila hedionda.
Un salvavidas antiestético
en la zona abdominal de la arpía.
Una arpía con una batalla
de victoria inalcanzable con el perro, el terror, el horror,...
y la cultura.
delante de un cráneo hueco.
Una axila hedionda.
Un salvavidas antiestético
en la zona abdominal de la arpía.
Una arpía con una batalla
de victoria inalcanzable con el perro, el terror, el horror,...
y la cultura.
V
Las vetas se tergiversan
en la piel pixelada de una fotografía
en plena desaturación.
Manipulamos los sedimentos de la playa
en el cristal de las gafas de sol.
El calcio que cruje
destroza el silencio provocado
en el relax del cremáster.
SMS
La avería no está palpitable,
sigue inexorable en la polución
indiscriminada de sangre coagulada.
El tensor de inercia
pulsa y dictamina las horas,
pocos dias. Un beso.
sigue inexorable en la polución
indiscriminada de sangre coagulada.
El tensor de inercia
pulsa y dictamina las horas,
pocos dias. Un beso.
Transfundimos la esencia,
necesito la profundidad de la intensidad del amor,
crepita en la vena más osbtruida y aorta
que llega a la pulsación del músculo insaciable
que parte mi pecho.
Divago en el aroma que dejaste
en mi dulce fortificación.
Acaricio tu pelo en el palpitar crucificado
que reza por una semana atea.
necesito la profundidad de la intensidad del amor,
crepita en la vena más osbtruida y aorta
que llega a la pulsación del músculo insaciable
que parte mi pecho.
Divago en el aroma que dejaste
en mi dulce fortificación.
Acaricio tu pelo en el palpitar crucificado
que reza por una semana atea.
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